Hablar del 2018 será, sin lugar a duda, hablar de la inestabilidad política y económica del Ecuador.

Hablar del 2018 será, sin lugar a duda, hablar de la inestabilidad política y económica del Ecuador.

Vivimos un año que empezó con un cambio vicepresidencial y terminó con otro; un año que se empezó hablando de corrupción y se termina hablando de lo mismo; un año que inició con reformas económicas y termina con paquetazo; un año que inició con la parcialidad de la prensa comercial y que termina, la misma, justificando como “medidas responsables” el alza del costo de la vida.

Ha sido un año en donde la “Derecha” y la “Izquierda” han contrapuesto posiciones, sin embargo, al parecer, se evidencia como un trabajo en equipo, ya que todo apunta a que las acciones de un lado y del otro nos llevan hacia un mismo fin, los espacios de poder cada vez los van ocupando personajes de grupos empresariales ante la ausencia de una izquierda estructurada y organizada que se sostenga en el poder y que, sin lugar a dudas, terminan beneficiando a figuras como Nebot y Lasso.

Los enfrentamientos entre “Morenistas” y “Correístas” pan de todos los días, por un lado, los unos acusándoles de “corruptos” y los otros, acusándolos de “traidores”; lo único que han logrado, en conjunto y siendo explotado por la maquinaria mediática mercantilista, es generar la cortina de humo perfecta para distraer la atención de la gente a lo que realmente importa, el país; una estrategia claramente maquiavélica de consultores políticos altamente costosos.

Cuando hablo del país, me refiero a que, por ejemplo, nadie está asumiendo las luchas de los agricultores con una agenda agraria que permita rescatar al sector y garantizar la soberanía alimentaria, o es que ¿acaso para los políticos de palestra nacional, el sector agrario no importa para el país? ¿Quién garantizará la soberanía alimentaria?; ningún político está diciendo nada sobre el sector pesquero del país, sobre la crisis que vive el mismo ni proponiendo alternativas reales para impulsarlo. Ningún político está hablando de la reforma a los contratos petroleros que traerán un perjuicio para el Estado de un 80%; ningún político nos está presentando alternativas reales para generar empleo y dinamizar la economía del país.

Lamentablemente, estamos en medio de un proceso electoral, en donde todas las fuerzas políticas tienen como único objetivo, demostrar su poderío territorial para tener con qué negociar el 21 y su participación tras la caída del actual gobierno que, más que una predicción, es una posibilidad que cada vez toma mayor fuerza.

Mientras la disputa continúa y no tiene señales de terminarse, las candidaturas presidenciales de Lasso y Nebot compiten en una especie de “primarias abiertas”, en donde el que más territorios conquiste en el 2019 a través de sus diversas alianzas territoriales, las cuales son más diversas que el arcoíris, será el candidato presidencial oficial de la derecha ecuatoriana enmarcada en la social democracia y sostenida en un paraguas electoral de la gran “Unidad Nacional Para Recuperar La Patria”; mientras la izquierda se divide entre los correístas y los críticos del mismo, que han optado por diferenciarse de la “supuesta corrupción” que más que supuesta, en marco del derecho y la objetividad, sigue siendo una percepción instaurada por los medios y no por la justicia, pero que, con pragmatismo y cálculo político, le apuntan más al 21 que a desgastarse en la defensa de los ex compañeritos, a esto le llamaremos “la tercera vía”.

Y es que según la mayoría de encuestas corridas a nivel nacional, la corrupción es una mancha mediática de la que al correísmo le será muy difícil limpiarse, al menos hasta que pasen las presidenciales del 21, en donde claramente en base a los hechos marcados el último año, nos lleva a deducir que el escenario está preparado para que Correa no sea un actor con el cual los presidenciables del 21 deban competir, sea por la vía “legal” o “política comunicacional”.

Lo principal de este análisis de opinión, que bien lo pueden tomar en cuenta o desecharlo como les parezca, es generar preguntas que, como ciudadanos, podamos empezar a buscarle alguna respuesta.

¿Hacia dónde vamos como país?

¿Seguiremos permitiendo que la política comunicacional nos distraiga de los grandes objetivos que como nación deberíamos cumplir?

¿Cuáles son las verdaderas alternativas que tenemos para poder superar la crisis política y económica en la que los intereses de las grandes corporaciones nos han introducido?

Y lo más importante para los fans electorales, ¿cuál será la salida de esta crisis política? ¿La derecha, la izquierda o la tercera vía?

Andrés Gutiérrez
ARTICULISTA REVISTA POLL

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